De la Tradición a la Realidad

De la Tradición a la Realidad

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El propósito de Dios como se ve en la tipología

Desde que era joven me acuerdo que no era atraído a las observancias rituales de la religión. Yo deseaba saber por qué hacíamos las cosas que hacíamos, por qué practicábamos las cosas que practicábamos. No estaba satisfecho con las respuestas que frecuentemente me daban: “Lo hacemos porque lo hemos hecho así por años”. Esta respuesta me recordaba de una película: “Violinista en el Tejado”, en la cual Tevye dice: “¿Me preguntas cómo comenzó esta tradición? Bueno, te diré: No lo sé, ¡pero es la tradición!”.

A diferencia de mis amigos y conocidos, nunca me importaba seguir las cosas por seguirlas. Me acuerdo cuando todos mis amigos y yo íbamos a tener nuestro bar mitzvah. Fue interesante notar cómo mis amigos estaban más interesados en el dinero que iban a recibir que en cualquier cosa que tuviese que ver con Dios. Me acuerdo que en esos tiempos pregunté a alguien por qué los jóvenes judíos celebrábamos esta tradición a los trece años de edad. Y la respuesta fue: “Es una celebración del comienzo de la vida como hombre”. Entonces pensé: “De todas maneras, en poco tiempo seré un hombre, ¿no?”.

En ese entonces, en mis años de adolescencia, comencé a hablarle a Dios sobre algunas de mis inquietudes, presentándole mis preguntas y pensamientos. Y me acuerdo que le pedía que me guiase en los detalles de mi vida. Después comencé a buscar en la Biblia las repuestas a las preguntas más profundas, como: “¿Cuál es el propósito de Dios y Su plan?”, “¿Por qué estoy aquí?”, “¿Qué cosa es la realidad?”, “¿Qué pasa después que uno muere?”. Con el pasar de los años, las respuestas a estas preguntas comenzaron a alumbrarme. Estas respuestas llegaban principalmente al leer la Biblia, la Palabra de Dios.

Las Sagradas Escrituras revelan el propósito de Dios de manera clara y detallada. Presentan en detalle cómo Dios levantó y escogió a la nación de Israel y los liberó de la tiranía de Egipto, cómo los guió por medio de Moisés a través del mar Rojo y los llevó al desierto. En el desierto, Dios tomó cuidado diario de ellos por medio de Su provisión. Sin embargo, Dios tenía una meta al llamar a la nación de Israel. Su propósito era establecer Su reino y Su habitación en la tierra por medio de este pueblo, al cual redimió por medio de la sangre del Cordero (la Pascua), salvó a través del agua (el mar Rojo) y alimentó en el desierto por medio del maná (el pan del cielo).

Más tarde, Dios usó la ley para revelar qué tipo de Dios Él era y qué requería de Su pueblo. Además, reveló a Su pueblo cómo edificar Su morada: el tabernáculo en el desierto. Más adelante, en los días de Salomón, el templo fue edificado, con lo cual la morada de Dios llegó a ser algo permanente. El templo era la expresión de Dios, Su casa. Además, las puertas y la ciudad alrededor del templo eran Su reino. La casa de Dios necesitaba del reino de Dios como protección. Sin embargo, al mirar el pasado y ver cómo Dios guió y cuidó a Su pueblo escogido, surge una pregunta: “¿De qué manera la historia pasada prefigura la realidad y la revelación de hoy?”.

Una de las maneras principales en que las Escrituras ilustran el propósito de Dios es por medio de la tipología contenida en la ley (la Tora) y los profetas (Nevi’im). Estos libros ilustran el propósito de Dios por medio del uso de varios tipos. Un tipo es una persona, lugar, cosa o evento en la Biblia que tiene significado simbólico o alegórico. El concepto de los tipos es crucial para poder entender la Biblia. Sin el entendimiento de los tipos, es muy difícil ver la revelación escondida en la Palabra de Dios y cómo todo en ella engrana con miras a describir Su propósito.

Se dice que un cuadro vale más que mil palabras. La Biblia demuestra este principio de manera excelente. Es difícil entender verdades espirituales y abstractas; así que, Dios inspiró los primeros 39 libros de las Escrituras, escritos en el idioma hebreo, para ser los libros de “ilustraciones”. Todas las personas y eventos registrados en estos libros son históricos, es decir, fueron reales y físicos. Por ejemplo, los corderos ofrecidos en el día de la Pascua eran reales. La sangre de esos corderos fue puesta con cuidado en los dinteles de las puertas en todo Egipto. Los sacrificios que se ofrecían en el atrio exterior del templo durante todo el año, y en particular en el Día de la Expiación (Yom Kippur), eran sacrificios de animales verdaderos. El pueblo escogido de Dios vivió de manera física primero en Egipto y, después que Moisés los guiase fuera de Egipto, vivieron en el desierto. Al final, ellos se establecieron en la buena tierra, Israel.

Estos son ejemplos concretos y tangibles registrados en las Escrituras. Sin embargo, estas personas y eventos son mucho más que personajes y eventos históricos. Son figuras e ilustraciones, es decir, tipos, con significado espiritual. El significado de estos tipos se define de manera específica en la segunda mitad de la Biblia, el Nuevo Testamento. Mientras que la primera mitad, la parte hebrea de la Biblia, nos presenta las alegorías en cuanto a muchos asuntos espirituales, la segunda mitad, el Nuevo Testamento, contiene lo que llamaremos “los subtítulos”, o las leyendas, que acompañan estas ilustraciones alegóricas. En el Nuevo Testamento, los tipos contenidos en la parte hebrea de la Biblia son definidos y explicados. Se ha dicho que el Nuevo Testamento está escondido en la parte hebrea de la Biblia y que la parte hebrea de la Biblia está revelada en el Nuevo Testamento. Por tanto, el Nuevo Testamento cumple lo que fue simbolizado en la porción hebrea de las Escrituras.

En esta coyuntura nos referiremos a una idea equivocada, la cual es muy común. Algunos judíos todavía creen que el Nuevo Testamento es una desviación religiosa de judíos creyentes en Cristo del primer siglo. Sin embargo, esto es un concepto religioso sostenido por hombres, concepto que no está de acuerdo con la Palabra viva de Dios. ¿Cómo sabemos esto? Lo sabemos al examinar la Biblia hebrea misma. Alrededor del año 600 antes de Cristo, el profeta Jeremías predijo un nuevo pacto o testamento, el cual estaba todavía por venir:

He aquí que vienen días, declara Jehová, en que haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, pacto Mío que ellos rompieron, aunque fui Yo un Marido para ellos, declara Jehová. Pero éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, declara Jehová: Pondré Mi ley en sus partes internas, y sobre su corazón la escribiré; y Yo seré su Dios, y ellos serán Mi pueblo. Y ninguno enseñará más a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el pequeño de ellos hasta el grande, declara Jehová, porque perdonaré la iniquidad de ellos y no me acordaré más de su pecado. (Jeremías 31:31-34, énfasis mío, 31:30-33 en el texto hebreo).

¡Lejos de ser una desviación de las Escrituras, el Nuevo Testamento es parte de las Escrituras! Además, escritores judíos escribieron 27 de los 29 libros del Nuevo Testamento. Sólo dos libros fueron escritos por un gentil: Lucas el médico.

Ya que el Nuevo Testamento fue escrito por judíos, ¿no debería usted leerlo para descubrir lo que dice?

La ley escrita en piedra es externa y física; la intención de Dios es escribir la ley interna en nuestros corazones. Al recibir Su vida (como se presenta más adelante), una persona tiene la capacidad de conocer a Dios subjetivamente y de ser regulado internamente. Este conocimiento subjetivo está en contraste con el conocimiento objetivo de Dios como un Dios que está en los cielos y, además, con ser regulado desde afuera por una ley externa. La diferencia más grande entre el período de tiempo de la tipología y la era de la realidad se caracteriza por un cambio de lo externo y físico a lo interno y espiritual. ¿Prefiere usted tener la ley por fuera, escrita en piedra, o tener al Dador de la ley morando en usted, escribiendo Su ley viva, la ley de vida, en su corazón? Pues está escrito: “Sois carta […] escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de corazones de carne” (2 Co. 3:3b,c).

En este pequeño folleto he puesto un fundamento para que usted entienda el concepto de la tipología que está corporificado de manera específica en la parte hebrea de las Escrituras. Veamos ahora en más detalle algunos ejemplos adicionales para ver quién es el cumplimiento de estos tipos.

Oración sugerida

“Señor, mientras leo, suaviza y abre mi corazón. En cuanto a Tu Palabra, toca mis partes internas. Amén”.

Seguir leyendo De la Tradición a la Realidad – Parte 2.

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